No podía yo dejar atrás la polémica, porque parece que no hay forma más adecuada de criticar a alguien sin hacer mofa sobre la condición de ser andaluz si eres del sur.
Me refiero a las palabras de la diputara del PP Catalán Monserrat Nebrera descalificando a Magdalena Alvarez atacando directamente su acento y la forma de hablar de los andaluces, que parece ser un factor determinante causante de la desastrosa gestión que esta ministra está haciendo de su cargo en el Ministerio de Fomento.
Me parece absolutamente patético e impropio que una persona que ostenta un cargo político de relevancia efectúe declaraciones de ese tipo. Tal es el agravio, que hasta la gente de su propio partido le están pidiendo que dimita, quizás porque sea diputada en una Comunidad Autónoma en la que más del 25% de la población tiene orígenes andaluces (ella incluida tal y como dice en su blog personal) o bien porque si no lo hacen, el PP ganará unas elecciones en Andalucía no antes del año 2545.
Señora Nebrera, los andaluces no hablamos mal no, hablamos Andaluz, entérese usted, que si bien no es una de las lenguas oficiales reconocidas en la Constitución Española, es una seña de identidad de más de 8 millones de personas en el Sur de España y de muchos cientos de miles que residen donde usted ejerce su tarea pública.
Si usted viene algún día por Andalucía, igual tiene que contratar un interprete, pero se aseguro que esa necesidad será fruto de su ignorancia y torpeza. Encontrará usted a 8 millones de personas que hablan mal como usted insinúa, pero que nunca le discriminará por tener un acento diferente y no saber hablar en Andaluz, cosa que no ocurre donde usted reside, donde el no saber Catalán es motivo suficiente para que te señalen con el dedo y no puedas ni siquiera a optar a determinados cargos públicos, subvenciones, etc…
Sra Nebrera, yo, hablo Andaluz...
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2 comentarios:
No solo ofende a una gran parte de la población nacional, sino que demuestra lo inculta que puede llegar a ser una persona que representa la voz de otras. Debería pararse a pensar que cuando habla, lo hace con la fuerza de unos votantes, que seguro estarán en desacuerdo con ella.
Yo también hablo andaluz.
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